
Si el otro día hablaba de que los caballeros estaban a punto de extinguirse, hay un espécimen que cada vez abunda más y son los guays de gimnasio.
¿Quién no se ha apuntado alguna vez al gimnasio y ha tenido el gusto o la desgracia (generalmente la desgracia) de conocer al típico tío que sólo va allí para pasearse y que las chicas le miren? Guapo, chulo y asquerosamente prepotente, este espécimen se mueve con total naturalidad por el gimnasio, la piscina, la discoteca o la playa.
A continuación os detallo las características principales de este narcisista nato, para poder reconocerle y huir de él.
El guay de gimnasio es un “animal” que sale del vestuario con el pecho hinchado y camina con las piernas abiertas. Su altura varía entre el metro cincuenta (los más bajos) y el metro noventa (aunque se han registrado casos en los que alcanzan los dos metros). Viste ropa apretada (generalmente dos o tres tallas más pequeña de la que le correspondería) y su prendas favoritas son las camisetas de tirantes (en las que se embute con vaselina porque sino no entra) que permiten lucir sus bíceps tatuados.
Asimismo utiliza con frecuencia mallas, con el propósito de marcar sus perfectas nalgas apretadas.Este ser, vulgarmente conocido como “carne de gimnasio”, tiene una amplia espalda (con unos hombros prominentes) mientras que sus piernas se asemejan a las de una bailarina.
Sus brazos pueden alcanzar el diámetro de los muslos de una mujer y mientras realiza ejercicio se le pueden ver sus venas, hinchadas y a punto de reventar, con total claridad. Moreno de rayos UVA y perfectamente depilado, el vigoréxico tradicional nos obsequia con su sonrisa incluso mientras realiza el ejercicio más duro. De la misma manera, suele tener barbilla prominente, mentón cincelado y un corte de pelo estilo action-man.
Con menos cuello que una lata de pepsi-cola este fastidioso individuo sólo deja de mirarse al espejo cuando ve a su próxima presa: alguna chica mona, haciendo sus ejercicios. En el caso de que esto ocurra, se acerca sigilosamente hacia a ella a indicarle cómo es la mejor manera de hacer los ejercios y hasta él mismo, a modo de ejemplo, comenzará a resoplar mientras hace un alarde de su asombrosa fuerza y, de paso, de sus prominentes bíceps. Luego ya la conversación derivará en lo fuerte que está y en todo lo que hace para conseguirlo, sus dietas, sus horas de trabajo, sus dietas otras vez, en fin, que los sacas de hablar de si mismos y ya no tienen otro tema de conversación.
Para reconocerle fuera de su hábitat natural (la sala de pesas) hay que fijarse en que esta “res humana” utiliza prendas de calle igual de pequeñas que las que emplea para hacer ejercicio. Por otra parte, en la discoteca acostumbra a saludar a sus amigos con un fuerte empujón o palmada en la espalda; bebe y fuma volteando sus brazos hacia fuera con la intención de marcar más su musculatura y sonríe hacia todas las mujeres que estén dentro de su campo visual.
A mi personalmente no me gustan para nada, las mujeres ya nos damos cuenta perfectamente de si un hombre está fuerte o no, no hace falta que nos vengan a restregar sus músculos por toda la cara. Es más, nos llaman más la atención los que van a su bola que no, los que están a ver qué pillan.
Besos: Vane
FUENTE: http://yocritico-silicongirl.blogspot.com/
No hay comentarios:
Publicar un comentario